martes, 9 de agosto de 2016

EL ADJETIVO INTANGIBLE

Nombrar, esa palabra tan utilizada en nuestra relación y que parece tan simple, es una actividad muy compleja en nuestra mente. Todos nombramos, a Maria, a Pepe, a Carlos y al pronunciar, suenan igual todos los nombres, las Marias, los Pepes, los Carlos.
Aún en ausencia del nombrado, la representación abstracta de su nombre, se acompaña de una procesión de sensaciones y recuerdos, diria más,  de prejuicios, que permiten diferenciar, incluso sin pronunciarlo, aquel a quien nuestra mente también identifica con un nombre, acompañado por lo que yo denomino el adjetivo intangible, una suma, cortejo de sentimientos que acaba siendo una definición en nuestra mente.
Pedro es, por poner un poco ejemplo: Alto, rubio, simpático, mordaz y un largo etc que se halla empaquetado como el ADN.
Liberanos Domine , pues, de algunos de estos adjetivos intangibles con los que tatuamos nuestro cerebro.