martes, 8 de julio de 2014

PERSONAJES DEL GAES ( 3 )

LA SIMA DE LES CANYAES
En la boca de la " Sima de les Canyaes", el material desplegado antes del descenso.
Una de las salidas que recuerdo vivamente es la que nos llevo a explorar la "Sima de les Canyaes en Monserrat". Particularmente la ascensión de la sima y el regreso a Valencia ya de noche.
Si la memoria no me falla y no inventa demasiado, la cosa fue como sigue:
Una vez en Monserrat y localizado el camino que nos conducía a la "Partida de Les Canyaes" nos dirigimos caminando al encuentro de nuestro objetivo que era la sima del mismo nombre.
Fernando, Alfonso, Toni  y yo, eramos los integrantes de la partida de exploración y topografía.
Fernado,Alfonso,Carlos.La foto la disparó Toni.

Habitualmente el desplazamiento y localización de la cavidad era una tarea ardua y tediosa que solía comenzar en el bar del pueblo para conocer el camino que teníamos que coger, la distancia aproximada hasta la zona y detalles para reconocer la boca.
Aquel " Quid pro quo" con las personas que vivían en el lugar, solía acabar con descripciones fantasiosas sobre las dimensiones de la cueva sobre la preguntábamos. Generalmente con la desaparición de algún animal que habían soltado y luego había aparecido en alguna localidad próxima más o menos alejada.
También era corriente que los "hierros" y "cuerdas", cascos y demás artefactos, motivaran algún comentario jocoso. " ¿Per a que voleu les cordes?...¡Per a penjarse!"
A pesar de todo nuestro cuidado en obtener la mayor información, no era nada extraño pasar un buen rato buscando la boca de la cavidad y hasta no encontrarla en absoluto.
Aquel día sin embargo todo fue "Miel sobre hojuelas" y encontramos la cavidad, sin que recuerde grandes dificultades al respecto.
Alfonso y Fernando de relax antes de comenzar el descenso.
El proceso comenzaba con el clavado de "Clavijas" y " Escarpias" en las grietas próximas a la boca. De esta tarea generalmente se ocupaba Toni con más experiencia, al tiempo que voceaba con satisfacción: "Mira como canta".
Se refería con esta expresión al característico sonido que producía el acero mientras se introducía en la grieta rocosa a golpes de martillo.
Esta era una operación delicada y que confería a todo el grupo seguridad en el descenso, por eso aprobábamos con felicidad la instalación o desaprobábamos en caso contrario.
En todo caso, no descendíamos si no había consenso en la firmeza del anclaje.
El primero en descender fue Alfonso...Iba " De Punta".
Ir " De Punta" era en si mismo un rol importante y generalmente se reservaba al individuo con buenas capacidades físicas. Alfonso era pues, nuestro experto "Punta" en aquellos días, aunque Toni se moviera por las simas y cuevas como los Varactilianos  de "Obi wan kenobi" en los agujeros de Utapau.
Toni descendiendo por la Electrón. Observese la cuerda de seguridad de cáñamo y la cinta métrica.

El más novato de la peña era yo y lo he seguido siendo toda la vida, ya que no hay manera ni ganas de pillar a los mayores.
Creo que fue la primera sima con la que me enfrente y todavía recuerdo la angustia que vino luego.
Entre los libros de cabecera que mencione al principio de esta colección de narraciones, estaba uno que recopilaba los arquetipos de las dificultades a las que me tenía que someter si quería ser espeleólogo con éxito. Una especie de doce pruebas de hércules de la independencia juvenil.

Este libro era " El Subsuelo" de  José Bárcena Guzman.
Algunas ilustraciones del libro alimentaban mis fantasías nocturnas y marcaban en cierto modo los retos espeleológicas de los años que siguieron.
Fotografía del libro de José Bárcena. El parecido con la foto de Toni en canyaes me indicaba que estaba en el camino acertado.

Aquellas fotografías y textos formaban parte de la zanahoria que se balanceaba ante mis ojos estimulando mi motivación. Años más tarde en una excursión a Piscárciano sería causa de una pesadilla que Toni no alcanzaba a comprender y que por fin después de tantos años, desvelaré en una próxima narración.
A poco de descender Alfonso, se dibujaron las primeras nubes sobre mi casco...La escalerilla no llegaba al suelo de la cavidad y Alfonso había resuelto el problema balanceandola  hasta empotrarse en la diaclasa que se estrechaba unos metros más allá.
Después desenganchandose de la cuerda de seguridad que le obligaba hacia el vacío, descendió los metros que le separaban del cono de derrubios en que consistía el suelo de la sima.
La fuerte inclinación de aquel suelo, hacía que aquella maniobra te situara en una zona todavía más alejada de la ansiada seguridad del final de la sima.
Uno tras otro repetimos la maniobra y nos situamos los cuatro en disposición de continuar la exploración de aquella cavidad que se estrechaba finalmente hasta no permitirnos el paso.
Alfonso en una de los tramos finales, durante una foto de exposición.

Las tareas de topografía y el intento por mi parte de obtener por exposición algunas fotografías ocuparon todo el día.
Llegó la hora de regresar y la escalerilla se balanceaba arriba, a mis ojos inalcanzable.
Aquellas nubes que se dibujaban por la mañana en mi casco iban convirtiéndose en tormenta.
Para mi sorpresa, de manera ágil y aparentemente sin esfuerzo, Alfonso en una oposición impecable por la grieta, alcanzo la escalerilla y sujetandose a ella, hasta que finalizalizo el balanceo, comenzó a ascender hasta la boca.
Visión desde la base, mostrando el comienzo de las repisa, unos metros antes de alcanzar la boca exterior.

Para que nuestra subida fuera más aceptable y no tupiéramos que hacer la desagradable maniobra, Alfonso descolgó la escalerilla hasta que el primer peldaño tocara nuestros pies.
Ahí no acabo toda la tormenta.
La nueva situación exigía que uno tras otro ascendiéramos hasta una repisa que tenía una inclinación muy pronunciada hacía el vacío, nos desancláramos de la cuerda de seguridad y una vez los tres restantes del equipo estuviéramos en ella, Alfonso volvería a fijar la "Electrón" en su posición inicial y uno tras otro saldríamos a la superficie.
Aquel tiempo de espera que a mi me pareció eterno viendo como Toni se asomaba por la repisa inclinada se convirtió en una dura prueba para mi vocación.

El regreso, cansados, con peso adicional, perdidos por la orografía de "Les Canyaes" hasta encontrar la carretera y tener la suerte de que en noche cerrada un pequeño camión cuba  ( de los de entonces ) tuviera la amabilidad de llevarnos hasta Valencia fue un acontecimiento ALTAMENTE IMPROBABLE.

Como son todas las cosas que despertaban y aun despiertan nuestra atención.