lunes, 11 de enero de 2016

UNA APARIENCIA DE LIBERTAD


Internet es un laberinto ideal para entretener cotillas y curiosos como yo. Un diletante irredento.
Curioseando encuentro una entrevista con Zygmunt Bauman " Las redes sociales son una trampa " dice el titular y yo como una trucha pico el anzuelo.
No le falta razón cuando dice que los amigos de la red son un espejo de nuestro propio pensamiento y que nos damos cuerda mutuamente.
Si que comparto afinidades, es cierto. Pero no todas, también es cierto. Como la misa de los domingos, al salir, cada quien es cada cual. Eso si como en la iglesia, todos comulgamos en la red. Luego están "los otros" pero no leerán estas lineas.
Somos el nuevo pensamiento único compartido en celulas de interés.
No le falta razón a Zygmunt, pero desde el No-Do y las homilías han cambiado algunas cosas.
Las relaciones " en vertical " como decíamos los radioaficionados, es verdad que precisan de unas habilidades sociales diferentes a las que empleamos en faccebook o twitter por ejemplo.
Sobre todo en compartir un tiempo y una " escucha " para prestar atención a los largos discursos,gestos i opiniones que nos solemos regalar cuando cogemos el " hilo ".
Todo eso limita la cantidad de personas con las que nos podemos relacionar, unos 150 según creo que opinan los expertos.
Los memes de internet permiten ampliar el cupo. En tiempos de franco eran las odiosas consignas. Aquel que se sentía identificado era un iniciado.
Eso no ha cambiado.
Lo que si ha cambiado y mucho es la tecnología y la aparente tolerancia.
De la " Vietnamita " al "post", en lo esencial no ha cambiado nada.
Ahora podemos compartir con entusiasmo nuestra afición por la alcachofa y tener un millar de amigos como dice la canción.
Si nuestro gusto cambia y preferimos el boniato en poco tiempo tendremos mil personas más que estaran de acuerdo en que el tuberculo es lo mejor.
Pero hay cosas que ahora ocurren menos.
La frecuencia y permanencia del pensamiento único es más costoso de establecer.
Cuando comprabas el periódico, pertenecias a un club, un club selecto de lectores y que podías identificar por la calle.
Escuchabas la radio en una cadena, o veías la televisión y el pensamiento único entraba en tu casa a la hora de comer creando los primeros conflictos familiares con una mayoría que no participaba del entusiasmo.
Cualquier opinión en contra de aquéllas lecturas escolasticas, dictadas por los medios de comunicación era una herejía.
Zigmunt tiene razones poderosas y no le falta razón.
Pero la red esta ahí y nosotros somos los que la utilizamos como antes usábamos el tranvía.  Es decir con la naturalidad de un tiempo en que la tecnología esta disponible.
Zygmunt nos avisa de los peligros.
La libertad no existe como realidad pero si como utopía y todos creemos tener una idea de para que sirve.
Nuestros antecesores bajaron del árbol a la sábana,  tenían sed y hambre y el león lo sabía. Ellos también pero tenian que asumir el riesgo.
También los ojos y oidos de la red nos acechan.
Paradojas de la vida he conocido unas pocas reflexiones de Zygmut por la red.
Contradicciones que se experimentan en el siglo XXl.
La red no nos hace mas libres ni más dependientes que el tranvia, pero a mi modo de ver, nos amplia la prespectiva, y nos quita algún pelo de la dehesa.