domingo, 14 de febrero de 2016

ALMUERZO DE ESCRITORAS


Me tiemblan las manos cuando golpeo las teclas del ordenador.  De los jesuitas decían que el más tonto hacía relojes de madera.
Heme aquí metido a reportero de una asamblea cuyas participantes son la flor y la nata de las letras. Algunas de ellas tienen más publicaciones que Planeta, mientras  que otros como yo que solo publica en su casa, participa por igual de la comida.


Y es que las letras y el cariño se hacen muy buena compañía.
No es cuestión de muchos adjetivos, ni de utilizar bien y de manera acertada el oxímoron. La reunión la motiva el afecto y el bienestar que nos da la sonrisa de la maestra con su presencia.
Y es que ( ya se que me repito ) cuando algunos pensábamos que escribir era divino y buscábamos la morada de Zeus como posesos, Amparo nos vendó los ojos porque necesitábamos de nuevo sentir como los niños.


Y es por eso y no por otra cosa que hoy ante tanta literata y novelista me atrevo a invadir la imagen con mis letras. Bien sé que las palabras no se urden con los troqueles marciales a los que somos adictos los muchachos, sino en el fuego del corazón sensible de las Diosas.
Son las señoras, con una habilidad naturalmente concebida, las que mandan en cuestión de sentimientos, las que tejen y destejen las palabras.
No yerro pues cuando digo que este es un ALMUERZO DE ESCRITORAS.