martes, 24 de junio de 2014

PERSONAJES DEL GAES

El emblema del GAES era el murciélago. La figura del mamífero volador iba pintada en el casco "Duraleu Forte" y en la boina paramilitar que identificaba nuestra esquizoide personalidad de entonces.
Lo que a continuación sigue son recuerdos y como tales se que están sujetos a invención.
El cariño y el ánimo de rescatar del olvido aquellos años envuelve este escrito. En la narración las personas desaparecen y son los personajes dueños de su representación.
Son pues los personajes  los que están en esta historia. Sucedió entre los años 1965 y 67 y son sus protagonistas.







ALFONSO. Alto, enjuto y taciturno. Su pertenencia al grupo confería a la excursión un carácter equilibrado y seguro. Hábil trepador y físicamente fuerte.









CARLOS. Alias "CONGO" quince años, más feliz que una perdiz. (Soy el redactor de esta historia).










FERNANDO. Alias Fernandito, así se significaba que era el hermano menor de Ricardo y primo menor de Toni. De carácter alegre e imaginativo. Inquieto.












MARIAM. En cierta manera pegamento del grupo. Prima de Toni, Fernando y Ricardo. Como se decía entonces : " una mujer, en tanto que nosotros permanecíamos niños. "








MIGUEL. Alias "SEGURIDADES". De carácter tranquilo y estable, su envergadura y fortaleza hacían que la cuerda de seguridad acabara siempre en sus manos.








"MONTAÑERO" . Alias tan utilizado en nuestro grupo que acabó perdiéndose su nombre original para la mayoria de nosotros. Era la persona/mito a la que referíamos un gran número de anecdotas creibles e increibles.








RAFAEL RICART.  Miembro ocasional de nuestras salidas, creo que en aquellos tiempos pertenecía al GESSEM y con categoría de "Consultor". Lo recuerdo todo sentido común.






RICARDO. El mayor en edad del grupo. Hermano de Fernando y primo de Toni y de Mariam. Su experiencia de ex-legionario había incorporado al grupo cierta "filosofía" e "imagen"









 TONI. El alma mater y pater del grupo. Serio, equilibrado y tenaz.
Hoy en día Espeleólogo universal y reconocido en el territorio nacional y grupos del extranjero.







Ahí va mi visión de nuestra historia.


Aquella Valencia, pequeña y provinciana de los años sesenta, albergaba los domingos a jóvenes y a otros no tan jóvenes en enormes corralizas que llamábamos discotecas.
No era raro que estas fiestas acabaran en trifulcas monumentales.
Había muchachos caminando hacia la marginalidad y la frontera era indefinida y confusa.
West- Side-Story invadía las frágiles neuronas de los más jóvenes con su música e imágenes.
En aquel contexto de absurdos, procesiones, misas cantadas, semanas santas largas y grises, navajas automáticas, camisas azules, boinas negras y peleas en CAPSA, en las que afortunadamente cuando ocurrían yo no estaba presente, se dibujaba la linea fronteriza que separaba la normalidad y la esquizofrenia.
El absurdo entretenimiento de encalar las gorras de las chicas del Loreto por otro lado, como actividad pija, no me motivaba en absoluto.
En mi solitaria tozudez, las lecturas de libros  de geología, arqueología y ciencias del despacho de mi padre, inspiraban y dirigían mi sed de aventura hacia otras metas.
Con quince años, me mostraba rebelde y atrevido como todos los adolescentes.
Pocos años antes había sido un niño dócil que finalmente abandono el internado debido a una disputa con un compañero y que termino haciendo rodar a un cura por el suelo.
Después de aquel acontecimiento le pedí a mi padre que finalizara mi encierro y afortunadamente me hizo caso.
A otros sin embargo les fue muy bien en este ambiente.
A la izquierda de la foto estoy yo con 15 años ( época en la que se desarrolla esta história) y sosteniendo el libro mi profesor Dn Rafael.

Dn. Rafael regentaba una academia laica y allí prepare el cuarto y la reválida.
En un nuevo ambiente educativo, nada severo, este profesor encarnaba un prototipo de hombre educado y cortés que luego también encontraría en el instituto Sorolla y más tarde en la facultad de ciencias. Un tipo de educador que marcó mi vida y al que me vincularía definitivamente.
En aquellos años de tránsito, mi ansia de aventura me llevaba los domingos a madrugar y en solitario coger el tren de Cullera para explorar la " Cueva del Volcán". (Aunque mi padre no compartía  este modo de entretenimiento, respetaba mis aficiones.)
La cueva del volcán no era como yo creía un caldera extinguida y más tarde aprendí que era el colapso de una bóveda kárstica.
Con mi gabardina azul, una mochila y un pequeño farolito comprado en Andorra me dirigía a mis aventuras dominicales. En alguna ocasión crucé la sierra por su cumbre para volver al pueblo buscando trochas por las que sortear la impenetrable maquia pinchosa.
Fue en una de estas salidas cuando tropecé de modo accidental con el GAES, acrónimo de " Grupo de actividades y exploraciones subterráneas."
El GAES casi completo.De izquierda a derecha:
Toni Fornes, "Montañero", Mariam, Miguel "Seguridades" y el que suscribe haciendo la foto.
Faltan Fernando, Ricardo y Alfonso.
Mi aspecto debió llamarles la atención a aquellos aspirantes a Legionario-Espeleólogo o viceversa.
Apoyada mi espalda contra la pared, observaba a un grupo de individuos que con aire entre curioso, amable y jocoso se habían acercado y en semicirculo  me interrogaban sobre mi destino.
Las mochilas, las cuerdas y su aspecto paramilitar con gorras de las que colgaban amplios paños estilo legionario me tenían hipnotizado.
Salía su tren y me invitaron a ir con ellos.
Decline prudentemente su ofrecimiento y quede en visitar la guarida del club en el " Bar Valenciano" a la semana siguiente.
Impaciente y expectante, acudí a la cita.
El bar Valenciano estaba en una esquina al final de la " plaza del mercado" en un edificio que ahora ya no existe.
Las reuniones del grupo se realizaban en una planta superior del mismo bar y que a modo de palco se asomaba sobre la barra .
Aquella reunión y el entusiasmo de su aceptación determinó que me vinculara de inmediato al club.
Había razones de peso.
Ya no saldría solo en adelante, había encontrado otros enfebrecidos caballeros andantes que compartían mi anhelo por los misterios de las cuevas y las piedras de calcita adquirieron a mis ojos un brillo especial.
Había descubierto el ombligo del mundo y nadie hubiera sido capaz de convencerme de lo contrario. Mariam una muchacha de amplia sonrisa formaba la parte femenina de aquel grupo de guerreros y en aquella época esta circunstancia no era un tema menor.
Mariam en la playa junto a fernando y otro amigo.
La adolescencia es una edad de confusiones. Imaginas que ser es un "golpe de suerte", un camino al que se cae y como una cinta transportadora te traslada al éxito o al fracaso.
De ambas cosas, en todo caso, uno nunca se siente responsable.
Estos años felices para mi, los tendré que buscar entre las ruinas de la memoria. De tan intensamente vividos, están despedazados en recuerdos que se asoman como gotas de aceite caliente invadido por el agua. Saltan, rugen y queman sin orden ni sucesión.
La tarea que me ocupa en esta narración es la del escribiente, la del cuentista, un pegador de pedazos intentando establecer una sucesión coherente.
De izquierda a derecha: Toni, Carlos, Fernando, un muchacho de la oje y Troyano.
Foto tardía quizá ya de la época del GEVYP en la cueva de Horquera.
El pequeño grupo que formábamos, endogámico y autorreferente hacía que vivieramos en una especie de "follie a deux", en este caso de cuatro o cinco.
El único que se libraba de nuestra visión enfermiza era Toni Fornes que a pesar de ser un apasionado "Caveman" veía o a mi me lo ha parecido siempre las cosas con "seny"
Toni era y sigue siendo la persona sensata del grupo, del pequeño grupo de entonces y del gran grupo de ahora.
Toni tenía los pies en el suelo. Los demás por diferentes razones disfrutábamos de abundantes desvarios.
Este crisol del GAES, siempre lo recordare con cariño y con una sonrisa.
Imagino cuan diferente hubiese sido que mi primer grupo de contacto con la espeleo o la montaña, hubiese sido el clásico CEV o la institución dependiente del movimiento OJE, los Scouts de España, o cualquier grupo muy formalizado e histórico.
Con estos y otros grupos tuvimos más tarde relación e hicimos buenos amigos, pero las experiencias personales que saco de aquella primera vivencia con el GAES les atribuyo un valor pionero que no hubiera podido desarrollar en otro medio.
Aquel pequeño nicho de bar Valenciano, era diferente, loco y  acogedor como el camarote de los hermanos marx.
Puede que sea la primera topografía de la cueva del Colóm
o al menos me gustaría que lo fuese.
Cuando entre a formar parte del GAES, el grupo andaba empecinado en obtener una continuación a pico y pala de la cueva del Colóm. Los domingos, participaba entusiasmado en la tarea de introducirnos en la gatera terminal de la cavidad para sacar piedras, con la esperanza de que un soplo de aire, tarde o temprano refrescaría nuestro rostro y una enorme galería inexplorada se iluminaría con la luz de nuestros carbureros.

Este año pasado volví a visitar la pequeña gatera terminal
como una especie de peregrinación.
Han pasado 48 años desde entonces.
Estos primeros años de "de cuevas", actividad a la  que mas tarde aprendí  a llamar espeleología, fueron para mi en la adolescencia un molde de personalidad que he conservado junto con los amigos de entonces durante toda la vida.

Continuará.